Las manos de una mamá o de una persona cuidadora rara vez descansan. Preparan alimentos, lavan vasos, cambian pañales, limpian superficies, bañan a alguien, tallan una mancha que parecía pequeña y, cuando por fin terminan, vuelven a lavarse. Es una rutina tan cotidiana que casi nadie la mira de cerca. Hasta que la piel comienza …








