Lo recuerdo como si fuera ayer: tenía 15 años, recién entraba a la prepa y cada mañana frente al espejo era una batalla campal contra esos granitos traicioneros que aparecían sin aviso. Probé de todo: jabones “milagrosos” que ardían como lija, cremas carísimas, remedios caseros de mi abuela con ingredientes que ni siquiera sabía pronunciar. …
