Hay días en los que abrir la ventana parece una idea inocente, casi poética. Entra la luz, se mueve la cortina, el aire promete frescura. Y, sin embargo, para muchas personas esa escena tan doméstica termina en estornudos en cadena, ojos llorosos, nariz tapada y una sensación bastante poco romántica de estar peleando con el …