La primera vez que amamanté, mi bebé tenía minutos de haber nacido y yo… yo tenía miedo de romperlo. Literal. Lo sostenía como si fuera de vidrio, mientras una mezcla entre amor desbordado y agotamiento brutal me recorría el cuerpo. Y ahí, con mi criatura en brazos y las hormonas bailando zumba, apareció la primera …

